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Piscina Y Piel

Consejos básicos para cuidar la piel en un día de piscina

El mes pasado hablábamos de los beneficios del agua de mar en la piel y hoy vamos a repasar cómo nos afectan los baños en las piscinas. Por ejemplo, nuestra piel puede sufrir daños a causa de bacterias que proliferan en aguas embalsadas o, fundamentalmente, por el cloro que se utiliza para mantenerlas limpias. También haremos alusión a las piscinas de agua salada que, por cierto, son cada vez más comunes.

Los problemas de aguas embalsadas en la piel afectan mucho a las personas que trabajan en piscinas, acuarios… porque tienen más riesgos de estar en contacto con bacterias que dañan la piel.

En general, es más fácil que las bacterias se multipliquen en entornos como los acuarios, porque las piscinas suelen estar más cuidadas, aun así hay que buscar las máximas garantías.

Entre las patologías relacionadas con este entorno, podemos citar el ‘granuloma de las piscinas’ por mycobacterium marinum, que aparece cuando la bacteria, que se encuentra en las aguas contaminadas, entra en contacto con la piel a través de pequeñas heridas.

Un caso de estas características ha sido tratado no hace mucho por el doctor Norberto López Navarro, dermatólogo del equipo Clínica Herrera, en el Servicio de Dermatología del Hospital Vithas Xanit Internacional de Benalmádena.

Tras ser diagnosticado por el doctor López Navarro, el paciente recibió tratamiento con 200 gm de doxiciclina durante 4 meses. El resultado fue altamente positivo, como se muestra en la siguiente gráfica:

Granuloma de piscina

Al hilo de este caso, aprovechamos para que el doctor López Navarro comente los conceptos básicos que debemos tener en cuenta para cuidar nuestra piel cuando vayamos a la piscina, de agua dulce o de agua salada.

  1. En la medida de lo posible debemos optar por piscinas que nos den garantías de limpieza y en las que el uso del cloro esté equilibrado. El cloro se utiliza para evitar la contaminación del agua por proliferación de hongos y bacterias causantes de infecciones en la piel, pero debe hacerse correctamente.
  2. Las piscinas de agua salada son mucho más saludables, y en ellas encontramos casi los mismos beneficios que cuando nos bañamos en el mar. La sal o compuestos salinos que se utilizan para mantener el agua limpia no es igual que la sal marina, pero tiene muchas de sus propiedades.
  3. Fundamental, y no nos cansamos de insistir, es indispensable protegerse del sol con cremas fotoprotectoras.
  4. Una buena costumbre es ducharse después de cada baño para eliminar los restos de cloro de nuestra piel, que además pueden reaccionar con las cremas.
  5. Si se tiene piel sensible, se debe evitar el contacto con el césped, muy común en las zonas ajardinadas del recinto.
  6. El agua de la piscina tendrá un ph superior al de la epidermis y por eso la piel puede resecarse o sufrir alguna irritación o alergia, hay que hidratarse la piel después de una jornada de piscina.
  7. Cuando hay dermatitis atópica, psoriasis u otras patologías con descamaciones las pieles son mucho más reactivas, y por eso habrá que extremar las precauciones, en algunos casos incluso evitar las piscinas cloradas, aunque las de agua salada son beneficiosas.

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